lunes, 8 de noviembre de 2010

Crúzate conmigo a cien por hora.


Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel. Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente, claro.
Y sin azúcar. Sin aliento.

(Báilame el agua)

miércoles, 13 de octubre de 2010

No entiendes, el otoño que se está yendo acelerado sin impermeables y sin botas calentitas es mío, el mío, nunca lo voy a recuperar, y nunca habrá otro igual.



las hojas que se caen me están llegando al cuello.

martes, 21 de septiembre de 2010

Voy a contar los días igual que algunos cuentan las flexiones o los abdominales que les quedan hasta el infarto; igual que otros cuentan los minutos que se retrasa el metro que los lleva a coger un tren que están a punto de perder; igual que algunos cuentan cada puñetera caloría que ingieren o cada kilo de más que marca la báscula; igual que otros cuentan el tiempo que queda hasta la siguiente sesión de quimioterapia; igual que se cuenta cada paso en un patíbulo; igual que cuentas el tiempo que queda para terminar un examen absurdo de esos en los que no sabes qué poner, de esos que están suspensos de antemano, de esos que te niegas a entregar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Vale que yo te diga todas las cosas importantes cuando no puedes oírlas, y vale que ahora tengas el silencio más escandaloso del mundo. Pero aunque ahora parezca mentira, sabes que no hace tanto los dos estábamos flipando, sin atrevernos a soltarnos demasiado, flipando por habernos encontrado el uno al otro entre tanta y tanta mierda, flipando mano con mano, boca con boca, flipando por las mil cosas que habrían tenido que suceder, que encajar, para que los dos estuviéramos flipando igual. Sabes que estábamos flipando tanto que hasta daba vértigo, hasta daban ganas de no creérselo, o ganas de empezar a creer en algo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Rachas

Supongo que tengo la típica pelea de enamorados con el mundo

Ya se nos pasará.

lunes, 30 de agosto de 2010

Dust in the Wind



Y no sé, a lo mejor eres lo que llaman la horma de mi zapato, y ni siquiera sé lo que es una horma. Tú, con tu pelo largo agitándose mientras cantas a Hendrix, tus labios húmedos que saben a cerveza a pesar de que me has dicho como veinte veces que no te gusta, que no quieres otra, que no te invito, claro que no, porque te vas a casa, y sólo otra canción, y sólo otro quinto, y por qué ponen música tan buena aquí, joder, tendrás que venir más a menudo, y que pare ya, que no, que no quieres, mientras le pegas un trago corto. Y luego un beso corto en mis labios secos, y suena Leonard Cohen, y un trago largo, un beso largo en mis labios no tan secos. Ésa eres tú, ésa es mi horma. La espina pequeña que sentí clavándose mientras tú te alejabas abrochándote el abrigo largo sin volver la vista.
Volví muchas veces allí. Me buscaba excusas, me mentía, yo nunca me he llevado muy bien conmigo mismo, sabes. Me decía que no estaba allí, yo solo en un bar de madrugada sólo para verte, tu sonrisa llena de contradicciones cantando canciones que yo fingía conocer.
Y tú volviste algunas veces, siempre sola, siempre arrastrando en los bajos de tu abrigo el frío de la calle y buscando algo; nunca sabré el qué, nunca sabré si lo sabías tú misma. Yo me preocupaba de que siempre me encontraras a mí.
A veces me gusta pensar que yo fui la horma de tu zapato también.

martes, 29 de junio de 2010

Valencia


Y acabo de llegar, pero ya me voy. Acabo de aprenderme los horarios de los cercanías que ya no voy a tomar, las paradas de metro que están cerca de los lugares a los que ya no voy a ir; acabo de decidir los baretos que más me gustan y que ya apenas voy a pisar, los jardines en los que aún queda césped sobre el que no he rodado, la gente a la que me he quedado mirando en el metro y con la que nunca voy a hablar. Y los echaré de menos, al igual que echaré de menos los bares en los que sí me he pasado horas, las calles que sí he pateado, la gente con la que he compartido más cosas en nueve meses que con otros en toda una vida.
Igual que echaría de menos Granada si no me marchase, aunque nunca he puesto un pie allí hasta ahora, aunque no conozco a nadie allá, aunque no tengo ni idea de cómo sería.
Igual que echaré de menos un Madrid en el que no he llegado a vivir.